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Candidatos en Escena: Entre Propuestas y Espectáculos Políticos


“Gracias por participar, pueden salir por la puerta de los perdedores.” Así se retiraron los candidatos que no lograron influir en el electorado después de que las autoridades del Consejo Nacional Electoral (CNE) anunciaron los resultados. Los números nos dejan algunas reflexiones sobre lo acontecido en las campañas.

Como si se tratara de buscar una nominación a los Oscars o a los Golden Globes, los candidatos sacaron sus mejores dotes de actuación para convencer a sus electores. El contenido generado en formato audiovisual daba cuenta de lo novedoso, ridículo o tradicional de presentar sus propuestas o, simplemente, por el afán de darse a conocer: desde apariciones cumpliendo tareas que normalmente nunca harían, hasta el uso de efectos especiales que los convertían en “meta-humanos”. Todos los candidatos tenían la solución a los problemas del Ecuador, todos estaban bendecidos con el poder de la sabiduría, todos creían en la honestidad y en una política de manos limpias. Todos, absolutamente todos, eran la opción que el país necesitaba.

La diferencia en los recursos económicos entre algunos candidatos fue notoria. Aquellos con fortunas gastaron el dinero en dádivas —prohibidas por el art. 228 del Código de la Democracia—, material promocional, shows artísticos, publicidad y propaganda; otros, en clara desventaja, se limitaron a participar con una campaña austera.

Por otro lado, lograr el voto joven —el 50 % del padrón electoral tiene menos de 30 años— despertaba el interés de los políticos. Para conquistar a la juventud, las redes sociales fueron el ecosistema perfecto para persuadirla. El contenido compartido en estas plataformas fue marcado por una amplia gama de tonos, colores y estilos; algunos acertados y otros, lamentablemente, provocaban vergüenza ajena.

La desinformación y los ataques entre candidatos alcanzaron su máximo esplendor. Las descalificaciones entre políticos fueron extremas, tanto en redes sociales como en los medios tradicionales. A estas descalificaciones se sumaron la campaña sucia, el uso de inteligencia artificial para alterar imágenes, videos y declaraciones, y la aparición de trolls, que hacen un flaco favor a la verdadera política. La prudencia y el respeto se mantuvieron ajenos al ansia de deshonrar al adversario.

Después de los entretelones de la campaña electoral, en el poder legislativo, 151 asambleístas, de los 2.089 nacionales y provinciales, ya figuran en la nómina del CNE para ser posesionados el 14 de mayo. Aquellos que perdieron volverán a la ‘normalidad’; otros buscarán cambiar de camiseta para participar en las elecciones seccionales de 2027 o esperarán la revancha en 2029. Con tantos aspirantes y pocas curules, lo cierto es que “no hay cama para tanta gente”.

De los 16 aspirantes a la presidencia, 12 obtuvieron menos del 1 % de los votos a nivel nacional, mientras que el cuarto lugar alcanzó el 2 % y el tercero, el 5 %. Los dos candidatos triunfadores, Luisa González y Daniel Noboa, empataron técnicamente y se disputarán la victoria en la segunda vuelta.

Las elecciones han evidenciado la complejidad y las desigualdades de la política ecuatoriana, marcadas por campañas mediáticas, desinformación y ataques entre candidatos. La lucha por conquistar a un electorado joven y digitalizado resalta la disparidad en recursos y tácticas cuestionables. En un clima de desconfianza y polarización, Ecuador busca un liderazgo real que vaya más allá de las apariencias, mientras algunos esperan una revancha y otros se preparan para la segunda vuelta.

 

 
 
 

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